El navío nacional se adentra en aguas inciertas, mientras el horizonte global va aumentando -de a poco, como los hilos de vapor se van juntando formando nubes- el grado de incertidumbre.
La letra, o el "relato", tienden siempre a ser fotografías que detienen forzosamente (e infructuosamente) la rueda de la realidad, sobrestiman la fotografía, sobre el movimiento. De esta forma, podría suponerse que los relatos y las palabras tienen potencia al menos mientras acompañan a los hechos. Si los hechos separan su camino de las palabras, entonces éstas pierden su energía, su ímpetu, en resumen, pierden su "momento".
Es ahí que cabe y vale la noción de "agotamiento del relato"; si las palabras obtienen su fuerza de acompañar a los hechos, cuando los hechos comienzan a desarrollarse en otro sentido o línea histórica, las palabras se agotan.
Existe un riesgo latente en el "cristinismo" a ensanchar el desfasaje (de forma cada vez más pronunciada, en proporción directa con la incertidumbre que reine en la situación misma) entre la épica discursiva y la pragmática que impone la realidad.
El
agotamiento del
relato, entonces como primera "A", y haciendo un mínimo ejercicio prospectivo, es algo que tarde o temprano, sucederá, sin juzgar la conveniencia o inconveniencia de este hecho.
La segunda "A", es el concepto que introdujo nuestro amigo Luciano, a saber, el "
angostamiento distributivo". Si la centralidad de la estrategia de conservación del poder del gobierno consistió en identificar y disputar las diversas cajas del estado y redefinir algunos ejes de acumulación extra estatales, cuando los flujos de efectivo comiencen a secarse (producto del devenir económico internacional y de la insoslayable inserción nacional en ese contexto), entonces es posible que también el poder tienda a diluirse, al menos el poder superestructural, centro y pivote de la estrategia cristinista 2011-2015.
Es ahí donde se necesitará con mayor fuerza el apoyo de las fuerzas territoriales y sindicales que no dependen directamente de las cajas estatales, o que al menos, logran sobrevivir al margen del financiamiento gubernamental.
Pero si la situación política actual está definiendo algunos "ruidos" en lo referido a la relación del gobierno con los poderes territoriales y sindicales, entonces el grado de incertidumbre que enfrentará el gobierno en lo sucesivo, podemos decir que será creciente.
En este contexto se hace necesaria una reflexión sobre las definiciones y rumbos de construcción política para la próxima etapa, siempre atentos al hecho de que toda construcción política es precaria frente a la inmensa fuerza social caótica en la cual está inserta, y busca prosperar.
¿Es correcto, en términos de estrategia, que el eje pivotal de construcción política para la próxima etapa del cristinismo sea el poder vertical super estructural, en una situación nacional dominada por el
agotamiento de un relato que duró y dió mucho, y el
angostamiento distributivo que limita el margen de mejorías sociales?
Dejamos la pregunta abierta para los lectores.