Ese día ("importante y fundacional", había dicho la locutora oficial) llevaron el cinismo y la autoburla hasta el paroxismo. Es que, una vez más, la realidad hacía ver ridículo al "relato". Era como si la vida misma diese una lección epistemológica magistral.
Los modelos, son sólo eso. Modelos, ideas, e imágenes.
Definitivamente, tras eso que se nombra como "realidad", había algo lapidario, definitivo. Y era lo cómico, la broma seminal. Cagarse de risa de uno mismo, es reconocer lo precario de la propia imagen. Intentaron sintetizar con psicoanálisis de café: lo real es lo que trae la broma escondida, el remate de los cuentitos. Cuando la realidad se mueve, preña al relato con el chiste. Los relatos, en su exceso de seriedad, no cuentan con lo real, que los termina "rematando", haciendo ver el ridículo intrínseco en cualquier esquema demasiado fijo.
Es por eso que, los militantes, luego de 8 años, se habían convertido en finos bromistas. Ése era el modo de su expresión. Más que su "lucha", esa era su celebración. Era la forma que asumía el "relato" político.
Chistes tras chistes, lo ético quedaba igualado, más que nunca, a lo "cínico".
Meses rompiendo galletas chinas en los despachos ministeriales y en los cafés aledaños, para encontrar siempre la misma frase:
"La risa abundante y reiterada
garantiza una vida política saludable,
si bien no la eternidad."
Definitivamente no era una forma de "resistencia", como la que promovía Lilita Carrió. Sino era una forma de ser, de pertenecer. Es que, en esos 8 años, tantas cosas habían cambiado, que la única forma de sostener el culto de lo inmutable, era practicando la risa permanente.
En homenaje a todos los compañeros de estos años.
Muy bello texto
ResponderSuprimirgracias charlie! un abrazo
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