La Fiesta de Bismarck


«Segunda Época»

domingo, 12 de junio de 2011

La radicalización del populismo



Miedo y pavor generaron las últimas declaraciones del viceministro feletti apuntando a "radicalizar el populismo"; miedo y pavor sobreactuados como todas las afecciones de la élite argentina. Sin embargo tras esa teatralidad melancólica y obsoleta, se esconde la intuición de que las cosas están cambiando y que lo que se viene es grade y pisa fuerte. Existe una paradoja instrínseca a esta idea de radicalización y es que necesariamente la exacerbación del populismo, de producirse satisfactoriamente, irá acompañada de una seudo normalización del sistema institucional. Es decir que lo que se trae el neo populismo argentino en un nivel estructural es una síntesis entre república y populismo y no simplemente la negación de la primera; el asunto es que esta "síntesis" puede llegar a no ser lo que los republicanos esperan y desean, y en eso afirmamos que la agenda que se viene será la del imperio de la calma del Pueblo, una agenda que está muy lejos de las minorías oficiales como opositoras; la nueva república es una república donde la anomalía argentina, -esa contenciosidad de la que habló horca en un comentario a un post anterior- no puede ser suprimida, sino que es incorporada al cuerpo social mismo, para horror de iluminados de uno y otro bando.

La institucionalización de un proyecto de nación comandado por el imperativo popular se fundamenta sobre una red de alianzas que garantiza una forma particular de distribuir el pan: ese pan está acompañado por una producción simbólica particular, quizás ajena al culturalismo izquierdista oficial y también muy lejos de la oficialidad cultural republicana, la del impetu nostalgioso por volver a la bella época, bella época que habla de una argentina que jamás existió, pero que hoy es más imposible que nunca.

Pan y circo como fundamento de la nueva república.

Dijimos "seudo normalización" porque como ya se ha mencionado hasta el hartazgo, cualquier cristalización de una red de poder es parcial en tanto y en cuanto descansa en alianzas políticas inestables. Las alianzas políticas recorren a lo alto y a lo ancho las clases y grupos sociales de un país, mal que le pese al purismo marxista; purismo de raigambre pequeñoburguesa pero con extraño énfasis obrerista, como si de lo que se tratase es de redimir la propia condición de clase "maldita". En estas extrañas volteretas de la historia argentina, la clase "maldita" termina siendo la que se forjó a imagen y semejanza del ideario nacional clásico. Sombra de la clase media yo te invoco.

Esta culpongenia es cualquier cosa menos política y la numerología lo demuestra: unidos y todo, a los partidos clasistas les resulta imposible saltar el cerco del voto urbano y sobrepolitizado.

Volviendo al tema del comienzo, esta síntesis populista de democracia, república y pueblo está "hegemonizada" por el último, por eso los primeros que se resisten a un gran acuerdo de paz nacional no son los sindicatos ni los movimientos sociales, sino las élites que saben que en esta nueva formula química nacional ellos serían los más débiles. Este proyecto de unidad nacional se encuentra irrealizado e irrealizable desde el año 1974, pero hoy se  asoma inexorable, quizás por el peso de las incertezas ideologicas y espirituales.

La verdad se impondrá como fuerza de hecho haciendo saltar por los aires el esquema, y es por eso que no pueden categorizarnos ni como conservadores ni como progresistas ni como derechosos o izquierdistas; ya es sabido que estos clivajes no dicen nada y por eso los "espiritus exquisitos" mas lúcidos se han propuesto abandonar las fórmulas y correr a estudiar in situ, en vivo y en directo al Soberano.

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