Aprovechando el dia del amigo, y quizás un poco tarde se me ocurrió hacer un post sobre relaciones internacionales.
Ayer a la noche nos juntamos varios amigos a tomar unas cervezas. Una cosa que capté inmediantamente era la sorprendente variedad presente en la sala. De alguna forma, podría decir que lo poco que tenían en común todas esas personas, era mi amistad con ellas. Y también noté lo dificil y sutil que es mantener una conversación que mantenga relativamente interesados a todos los participantes. Es como si uno hablara, y por pequeños momentos pudiera captar la atención de todos, para luego ver como se forman subgrupos y sólo algunos siguen en la misma conversación. Al rato, uno dice "A" y de nuevo parece comenzar a captar,lentamente, la atención de todos los presentes. Como si fuesen picos.
Evidentemente, uno no puede captar la atención y el interés de todos todo el tiempo. A veces he dicho cosas que conmueven a algunos y simplemente molestan a otros. Aunque suelen aparecer esos momentos, y -de una forma bastante curiosa- en donde la riqueza y variedad de un grupo se pone más en evidencia.
Estoy leyendo por estos días un libro -ya clásico- sobre el desenvolvimento brasileiro del gran Francisco de Oliveira. Y encontré una cita muy interesante, que reproduzco aqui para los lectores de la Fiesta de Bismarck.
Hablando de las medidas tomadas por las clases dirigentes brasileñas, de Oliveira dice:
Si se toma en cuenta a las empresas internacionales que participaron en la ejecución del Plan de Metas, se verifica que la participación inicial de las empresas del país capitalista hegemónico -EEUU- era casi irrisoria. No estaban presentes en la industria de la construcción naval, que se armó con capitales japoneses, holandeses y brasileños, ni en la industria siderúrgica, que se montó básicamente con capitales nacionales estatales (BNDE) y japoneses (Usiminas). Ni siquiera tuvo una participación relevante en la industria automovilística, que se montó con capitales alemanes (Volkswagen), franceses (Simca) y nacionales (DKW, Mercedes Benz). Las empresas norteamericanas que ya estaban aquí desde hacía mucho tiempo, como GM y Ford, no se interesaron por la producción de automóviles de paseo hasta después de 1964. La empresa norteamericana que vino a Brasil, Willys-Overland, no sólo era una firma marginal en la producción automovilística estadounidense sino que se montó básicamente con capital nacional, público (del BNDE) y privado (a través de la licitación de acciones al público y la asociación con grupos nacionales como Monteiro Aranha). La posición del capitalismo internacional, principalmente la del país hegemónico, estaba habituada a la antigua división internacional del trabajo, en la que Brasil participaba como productor de bienes primarios de exportación. De esta forma, es difícil reconocer una estrategia propia del capitalismo internacional en la aceleración de la industrialización brasileña. Fue en las brechas del policentrismo, con la reergencia de los países del Mercado Común Europeo y de Japón, que la estrategia nacional se volvió viable. (pgs 82-83; De Oliveira, Francisco; El neoatraso brasileño; 2009; Siglo XXI)
Sin embargo, en un artículo reciente que revisa las relaciones EEUU-Brasil, Carlos Escudé señala algo insoslayable
El punto de inflexión fue la Segunda Guerra Mundial. A partir de esa instancia crucial, Estados Unidos, la gran potencia en ascenso, se desempeñó como un árbitro que proporcionaba al país que le resultaba más confiable todo lo que le quitaba al que le parecía sospechoso.
Este arbitraje tendencioso, favorable a Brasil, comenzó antes del ingreso de Washington en la contienda, pero después de la caída de Francia, cuando ya estaba claro que habría que defenderse de Alemania. El favoritismo fue el fruto de una vieja relación especial entre Estados Unidos y Brasil, cultivada con inteligencia por Itamaraty desde los tiempos del barón de Rio Branco.
La hora de la verdad llegó en septiembre de 1940, cuando ambos países firmaron un acuerdo por el establecimiento de un polo siderúrgico en Volta Redonda, con financiación norteamericana. A su vez, el oportuno pacto terminó con el juego pendular de Brasil frente a Washington y a Berlín. Según documentos desenterrados por McCann, Estados Unidos adjudicó a la naciente industria del acero brasileña la misma prioridad que a proyectos similares en Estados Unidos. Como consecuencia, un agradecido presidente Getulio Vargas escribió al subsecretario Sumner Welles: "No olvidaré cuánto les debemos a usted y al Departamento de Estado por este feliz resultado".
No es dificil demostrar que Brasil ha sido un hábil interprete de la multipolaridad y de las bondades de tener un grupo de amigos heterogéneo.
Las conclusiones que saco de ambas lecturas son varías, pero me gustaría señalar algo, a modo de hipótesis preliminar:
A largo plazo, en el tortuoso camino del desarrollo, la enorme y compleja estrategia del centrismo reditúa mucho más.
¿Ud. qué opina?
PS: Francisco de Oliveira es Sociólogo y uno de los fundadores del PT, aunque actualmente está enfrentado a Lula da Silva. Más info aquí. El libro "El neoatraso brasileño" es una compilación de sus dos ensayos más celebres O ornitorrinco (Boitempo), y A economia brasileira: crítica à razão dualista (Vozes). La cita corresponde al último.
Ayer a la noche nos juntamos varios amigos a tomar unas cervezas. Una cosa que capté inmediantamente era la sorprendente variedad presente en la sala. De alguna forma, podría decir que lo poco que tenían en común todas esas personas, era mi amistad con ellas. Y también noté lo dificil y sutil que es mantener una conversación que mantenga relativamente interesados a todos los participantes. Es como si uno hablara, y por pequeños momentos pudiera captar la atención de todos, para luego ver como se forman subgrupos y sólo algunos siguen en la misma conversación. Al rato, uno dice "A" y de nuevo parece comenzar a captar,lentamente, la atención de todos los presentes. Como si fuesen picos.
Evidentemente, uno no puede captar la atención y el interés de todos todo el tiempo. A veces he dicho cosas que conmueven a algunos y simplemente molestan a otros. Aunque suelen aparecer esos momentos, y -de una forma bastante curiosa- en donde la riqueza y variedad de un grupo se pone más en evidencia.
Estoy leyendo por estos días un libro -ya clásico- sobre el desenvolvimento brasileiro del gran Francisco de Oliveira. Y encontré una cita muy interesante, que reproduzco aqui para los lectores de la Fiesta de Bismarck.
Hablando de las medidas tomadas por las clases dirigentes brasileñas, de Oliveira dice:
Si se toma en cuenta a las empresas internacionales que participaron en la ejecución del Plan de Metas, se verifica que la participación inicial de las empresas del país capitalista hegemónico -EEUU- era casi irrisoria. No estaban presentes en la industria de la construcción naval, que se armó con capitales japoneses, holandeses y brasileños, ni en la industria siderúrgica, que se montó básicamente con capitales nacionales estatales (BNDE) y japoneses (Usiminas). Ni siquiera tuvo una participación relevante en la industria automovilística, que se montó con capitales alemanes (Volkswagen), franceses (Simca) y nacionales (DKW, Mercedes Benz). Las empresas norteamericanas que ya estaban aquí desde hacía mucho tiempo, como GM y Ford, no se interesaron por la producción de automóviles de paseo hasta después de 1964. La empresa norteamericana que vino a Brasil, Willys-Overland, no sólo era una firma marginal en la producción automovilística estadounidense sino que se montó básicamente con capital nacional, público (del BNDE) y privado (a través de la licitación de acciones al público y la asociación con grupos nacionales como Monteiro Aranha). La posición del capitalismo internacional, principalmente la del país hegemónico, estaba habituada a la antigua división internacional del trabajo, en la que Brasil participaba como productor de bienes primarios de exportación. De esta forma, es difícil reconocer una estrategia propia del capitalismo internacional en la aceleración de la industrialización brasileña. Fue en las brechas del policentrismo, con la reergencia de los países del Mercado Común Europeo y de Japón, que la estrategia nacional se volvió viable. (pgs 82-83; De Oliveira, Francisco; El neoatraso brasileño; 2009; Siglo XXI)
Sin embargo, en un artículo reciente que revisa las relaciones EEUU-Brasil, Carlos Escudé señala algo insoslayable
El punto de inflexión fue la Segunda Guerra Mundial. A partir de esa instancia crucial, Estados Unidos, la gran potencia en ascenso, se desempeñó como un árbitro que proporcionaba al país que le resultaba más confiable todo lo que le quitaba al que le parecía sospechoso.
Este arbitraje tendencioso, favorable a Brasil, comenzó antes del ingreso de Washington en la contienda, pero después de la caída de Francia, cuando ya estaba claro que habría que defenderse de Alemania. El favoritismo fue el fruto de una vieja relación especial entre Estados Unidos y Brasil, cultivada con inteligencia por Itamaraty desde los tiempos del barón de Rio Branco.
La hora de la verdad llegó en septiembre de 1940, cuando ambos países firmaron un acuerdo por el establecimiento de un polo siderúrgico en Volta Redonda, con financiación norteamericana. A su vez, el oportuno pacto terminó con el juego pendular de Brasil frente a Washington y a Berlín. Según documentos desenterrados por McCann, Estados Unidos adjudicó a la naciente industria del acero brasileña la misma prioridad que a proyectos similares en Estados Unidos. Como consecuencia, un agradecido presidente Getulio Vargas escribió al subsecretario Sumner Welles: "No olvidaré cuánto les debemos a usted y al Departamento de Estado por este feliz resultado".
No es dificil demostrar que Brasil ha sido un hábil interprete de la multipolaridad y de las bondades de tener un grupo de amigos heterogéneo.
Las conclusiones que saco de ambas lecturas son varías, pero me gustaría señalar algo, a modo de hipótesis preliminar:
A largo plazo, en el tortuoso camino del desarrollo, la enorme y compleja estrategia del centrismo reditúa mucho más.
¿Ud. qué opina?
PS: Francisco de Oliveira es Sociólogo y uno de los fundadores del PT, aunque actualmente está enfrentado a Lula da Silva. Más info aquí. El libro "El neoatraso brasileño" es una compilación de sus dos ensayos más celebres O ornitorrinco (Boitempo), y A economia brasileira: crítica à razão dualista (Vozes). La cita corresponde al último.
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